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divendres, 2 de maig del 2008

El secret de Stradivari - Versió 05.07



El Secreto de Stradivari versión 05.07

publicat a la revista Doce Notas, nº 56, Abril /Maig 2007


Pocos nombres en la historia del arte han suscitado tanto misterio y admiración como el de Antonio Stradivari. Desde su muerte en 1737, no ha hecho más que aumentar el mito por dos causas principales: la primera, por la indiscutible calidad de sus obras; la segunda, por una mezcla de desconocimiento y credulidad del público en general y del aprovechamiento de unos pocos en particular.

Sentido común: el menos común de los sentidos

Parece ser que el alma humana tiene una constante necesidad de crear mitos y alimentar el imaginario colectivo con historias fantásticas para dar una explicación comprensible a aquello que vulgar y cotidianamente se nos escapa. Buscamos explicaciones paranormales a fenómenos naturales simples; añadimos misterio a lo que personalmente desconocemos sin consultar a los especialistas o profesionales del tema; damos enormes rodeos por no querer buscar la respuesta directa y sencilla; todo porque, precisamente, nos resistimos y no queremos creer que la pura realidad es muchas veces simple y llana, de tan evidente como es. El sentido común en estos casos no aparece ni por asomo y no nos paramos a pensar que tampoco es tan difícil querer entender hechos reales y comprobables.
En los últimos dos meses han aparecido en la prensa general y en algunas publicaciones científicas varios artículos y entrevistas que a los profesionales del sector normalmente nos produce cansancio que acaba invariablemente en hastío y fatiga.
Lo que no es comprensible para nosotros es cómo algunos de los que han redactado los artículos no se paran a pensar que las informaciones publicadas deberían ser contrastadas y comprobadas para que, como mínimo, aparte de no perder la credibilidad, no hagamos el ridículo. Es como querer descubrir en el siglo XXI el elixir de la vida, la piedra filosofal o cualquier quimera que ha motivado experimentos y habladurías durante milenios.
Si tenemos en cuenta que Stradivari ya era admirado y apreciado en vida, nos podemos dar cuenta que desde hace unos 300 años los instrumentos de referencia a seguir, copiar o intentar superar, han sido los suyos. Si indagáramos en las hemerotecas desde, pongamos por caso, el último siglo, nos daríamos cuenta que por lo menos una vez cada año o cada dos años aparece alguien que ha descubierto "algo" que puede ser motivo de ser el famoso y buscado secreto de Stradivari. ¿Cuántos secretos tenía Stradivari?





Algunos ejemplos

Muchas veces estos artículos están basados en publicaciones científicas y experimentos realizados de forma muy seria en universidades, pero raramente están dirigidos por luthieres, por lo que la dirección de las investigaciones van en una línea que a los profesionales no nos aportan mucho a lo que ya sabemos por experiencia acumulada en los talleres de muchas generaciones de luthieres.
Para poner un ejemplo de lo absurdo y grotesco que a veces resultan ciertos "descubrimientos", veamos algunos de los tópicos más habituales:
Un clásico recurrente es el descubrir que en el barniz se han hallado restos que podrían ser las cenizas de un volcán. También recientemente se publicaba en un periódico que el secreto está en la posibilidad de que cerca del taller de Stradivari hubiera un riachuelo donde lavara sus herramientas de trabajo, resultando impregnadas de la famosa sustancia secreta, sin que él mismo fuera consciente de ello. Otro "hallazgo" es el hecho de que en la época de Stradivari hubo una extrema sequía, que provocó que la madera cortada y empleada por él tuviera unas propiedades extraordinarias y fuera de lo común, como si el material solo de por sí nos garantizara el éxito del proceso, sin tener en cuenta quién y como lo trabajara. En otra publicación se narra que han sacado una pequeña viruta del fondo del instrumento y tras analizarla se han descubierto restos de un hipotético tratamiento químico no habitual que podría ser el famoso componente secreto.
¿De verdad nos creemos todo esto o necesitamos creerlo? Que hoy día hay maneras de analizar las cosas mejor que nunca es correcto, pero el resultado obtenido no prueba nada. Para los luthieres oír hablar del "secreto" de Stradivari basado en los ejemplos anteriores es equivalente a querer analizar los vestidos de Alfredo Kraus o Montserrat Caballé en busca de un componente secreto que les permite cantar de la forma en que lo hacen, o bien analizar el mármol de Carrara para descubrir qué mineral secreto hay que le permitiera a Miguel Ángel esculpir estatuas de la categoría de La Pietà , el David o el Moisés. ¿No tienen todos ellos en común una gran maestría, un don innato, un gran genio y temperamento, una técnica aprendida y practicada desde temprana edad? Exactamente igual, ni más ni menos, que Stradivari. Ese es, y ningún otro, el gran "secreto".






Sacando tajada del secreto y el misterio

Parece ser que cuando la prensa y medios de comunicación en general no tienen noticias se las buscan y periódicamente sale algún genio que descubre algo al respecto. No hay ningún mal en realizar estos artículos siempre y cuando se contrasten y comprueben los resultados obtenidos, a menos que lo que interese sea el titular y la noticia sensacionalista. A nivel periodístico muchas veces se trata de tener que llenar muchas páginas con cualquier tema en épocas de sequía informativa. Aparecen cíclicamente artículos referentes al "gran descubrimiento", sin pararse a mirar en las hemerotecas que hace algunos meses o años otro "periodista o científico genial" ya publicó algo parecido, con lo que el presunto descubrimiento se convierte en "re-descubrimiento". En la luthería también hay quien intenta sacar provecho de ello. Es el caso de varios luthieres que atribuyen a la ciencia y a la técnica aplicada en el proceso de construcción que ellos emplean el éxito conseguido con sus instrumentos. Las pruebas realizadas suelen ser análisis químicos de los barnices, pruebas de resonancia magnética, espectroscopio de infrarrojos, afinado electrónico de la acústica de las tapas, y un sinfín de pruebas de laboratorio. Todo ello está muy bien como método y para ahorrarse unas horas de trabajo, pero de ahí a asegurar que forman parte del éxito obtenido es un poco extraño, por no decir sospechoso.
Todos estos pseudocientíficos ambiciosos que descubren estos "secretos" lo publican abiertamente, pero evitan hablar de ello con los luthieres que continúan con el oficio a la manera tradicional y saben como debe construirse un violín de verdad. Una vez se ha gastado el dinero asignado para la investigación genial, todo queda en el olvido de manera inmediata. Quizá algún día se les ocurra crear un programa de ordenador que les permita afilar las herramientas como lo haría Stradivari y otro que mueva unas manos robotizadas y manejen esas herramientas tan bien afiladas como lo haría el genio de Cremona.

Muchas de estas noticias apuntan a un mismo interesado con bastante afán de protagonismo, Joseph Nagyvary, que según que lectura es calificado de luthier y según que otra de profesor o doctor en bioquímica. Lo importante parece ser el "salir en la foto" lo más relacionado posible con Stradivari. Incluso en una página de entre las más abajo seleccionadas no se corta nada y admite abiertamente y sin rubor que el Gran secreto de Stradivari es un tratamiento químico -sospechosamente todavía por revelar- y no su maestría y buen hacer. Al igual que el famoso monstruo del lago Ness: se dice que está ahí pero nadie lo ha visto.


Hemeroteca

Sin ir muy lejos ni indagar demasiado he encontrado fácilmente un artículo en la revista musical Hermes, (febrero de 1928) donde el articulista ya hablaba en tono sarcástico sobre la cantidad de "secretos" que se atribuyen al barniz o a la madera empleada en la construcción de los Stradivari.
El domingo día 18 de diciembre de 1988, en el periódico La Vanguardia , sección "Ciencia" apareció también un artículo de página entera titulado "el secreto de Stradivarius". Las vueltas que da la vida: curiosamente el protagonista de ese artículo es ni más ni menos que Joseph Nagyvary. Hace casi 20 años que el hombre le va dando vueltas al misterio y sigue sin resolverlo.
Por último podemos citar la sección de noticias de la revista "the Strad", del mes de febrero 2007, donde Joseph Nagyvary vuelve a aparecer con sus teorías no comprobadas, aunque aquí la noticia se trata de forma distante y diluida.
Lo malo de todo ello es que al final muchos articulistas se copian los unos a los otros sin solución de continuidad (ver recuadro de referencias en internet).

El hombre y la máquina

Hay dos formas de destacar sobre los demás: la primera y más difícil es simplemente ser el mejor. La otra es buscar subterfugios para vestir de alguna forma la criatura y llamar la atención a base de publicitar elementos científicos, anteponiéndolos a los estrictamente musicales o artísticos desde el punto de vista constructivo.
A lo largo de décadas y siglos de la fascinación del hombre por el violín, estos "descubrimientos" han ido sucediéndose de forma casi tradicional. Parece ser que cada generación necesita intentar de nuevo encontrar la fuente del misterio. Pero el nuevo juguete preferido de la ciencia, el ordenador, no ha podido reemplazar la experiencia y la expertización real. Hay ciertas cosas que necesitan ser enfocadas y pensadas a la manera tradicional y artesana, no todo acaba pudiendo ser analizado y computerizado.


El barniz de Cremona en el siglo XVIII

Gracias a las muchas investigaciones y búsquedas realizadas en archivos del entorno de Cremona se han encontrado y publicado documentos en los cuales se ha constatado que los luthieres del siglo XVII y XVIII no se hacían ellos mismos el barniz, sino que lo adquirían ya hecho en la farmacia local. Éste era producido por especialistas, y estaba al alcance de cualquiera que lo quisiera. Además se ha comprobado y analizado científicamente. En cambio, hoy día la inmensa mayoría de luthieres lo elaboran ellos mismos.
Suponiendo que fuera materialmente posible tener un bote con el mismísimo barniz que Stradivari empleó (y que como ya hemos dicho no preparó él mismo sino que como otros luthieres contemporáneos suyos lo adquirió), ¿seríamos capaces de aplicarlo tan magistralmente como lo hizo él? Si somos mínimamente honestos y humildes la respuesta es obvia.

1 comentari:

Mimí de Suiza ha dit...

Más allá de las hipótesis, lo concreto es que hace unos días escuché un concierto, dos violines, un cello y dos violas.
Una viola era Stradivari y realmente sonó fenomenal, los otros instrumentos quedaron reducidos a un sonido de juguete. No sé qué hace esa diferencia, pero la hay.
El concierto fue en el Conservatorio de Música de Zurich, Suiza.